Monasterio de San Jerónimo de Guisando y Toros de Guisando
¡Hola viajeros! Ya estoy de nuevo por aquí para contaros lo mucho que me ha impresionado nuestra última visita, ya que hemos descubierto tesoros perdidos en el tiempo el Monasterio de San Jerónimo de Guisando y Toros de Guisando.
En nuestro caso, realizamos la ruta en coche desde Madrid hacia la provincia de Ávila, en Castilla y León, y condujimos menos de una horita en coche hasta situarnos en la localidad de El Tiemblo.
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MONASTERIO DE SAN JERÓNIMO DE GUISANDO
Llegamos a uno de los caminos de comunicación con más historia de la península, que en la Edad Media pasó a ser la Cañada Real Leonesa Oriental y junto al mismo, en un cerro de 1310 metros de altura resisten al tiempo las ruinas de este monasterio.
Su historia es impactante y llena de misticismo, ya que todo empieza cuando en el S XIV llegan a la zona cuatro eremitas procedentes de Italia. Estos religiosos sintieron “la llamada del Cerro” y encontrando unas cuevas se quedaron en ellas, empleando la mas grande como tempo y dedicándola a San Jerónimo. Hoy podemos visitar algunas de estas cuevas, entre ellas la principal, hoy en día llamada Cueva de San Patricio, que ya impacta por su voladizo y por su historia, y de la que las algunas leyendas dicen que si te adentras en sus profundidades puedes aparecer en otros destinos.


Tras veinte años los eremitas partieron de las cuevas, pero tras compartir un sueño en el que la Virgen les apremiaba a volver, regresaron. Tras su vuelta, fueron muchas las donaciones que recibieron por la ayuda que dispensaban a los lugareños, llegando su fama a oídos de la Iglesia, que para evitar que se desviaran de la doctrina les organizó como uno de los tres primeros eremitorios de la Orden de San Jerónimo. Y de esta forma se construyó el primer Monasterio, que se empleó hasta quedar destruido en un incendio en el S XVI.
Con ayuda de donaciones, entre las que destaca las del Marquesado de Villena, se construye el segundo monasterio en el S XVI, que en esta ocasión es incendiado durante la Guerra de la Independencia contra Francia (S XIX). Y entre los restos de este Monasterio de los Jerónimos de las Cuevas de Guisando podemos visitar algunas de sus estancias, como la Iglesia, el comedor, el Claustro principal en estilo Isabelino, y el Claustro de novicios. A pesar de los estragos del tiempo, el monasterio sigue en pie y su interior ha sido tomado por la naturaleza. Las plantas trepaderas envuelven las columnas llegando al púlpito, y descienden por los arcos y las paredes. Es una maravilla digna de ver, y que te trasportará a alguna leyenda de Bécquer, en las que las ruinas nos susurran una historia.



Tras la desamortización de Mendizábal, el convento pasa a manos privadas, hasta ser vendido a la Marquesa de Castañiza, que adelantada a su tiempo, acogió a mujeres en exclusión social y escolarizó a los hijos de sus empleados. Esta, embellece la zona con un jardín romántico en el que emplea puertas, columnas y otros elementos del monasterio. Podemos visitar el jardín, así como ver los restos de lo que fue su casa dentro del monasterio, ya que esta también se incendió en el S XX.
Si seguimos ascendiendo por el cerro, unas escaleras labradas en el propio granito nos conducen a la Ermita de San Miguel, que fue construida en el S XVI en estilo renacentista. Algunos dicen que para que el arcángel como general del ejército divino, protegiese la zona, ya que en las inmediaciones hay una cueva que da acceso al infierno. Sea como fuere, los restos de la ermita se alzan en lo alto, desde donde podemos disfrutar de unas vistas impresionantes del valle entre Gredos y la Sierra del Guadarrama.
Tras esta maravillosa visita, dejamos atrás el monasterio escondido en el monte, no sin querer volver a visitarlo, ya que en su destrucción la naturaleza ha llenado los huecos que ha dejado el tiempo, y nosotros como tantos otros que han visitado la zona a lo largo de la historia, también hemos sentido “la llamada del Cerro”.




Consejo práctico: las visitas al monasterio son guiadas (pudiendo hacerse a pie o accediendo en lanzadera), por lo que os recomendamos reservar con tiempo en su página web. El recorrido es precioso y las narraciones durante el mismo muy completas y didácticas. En nuestro caso el guía fue Alberto, y sus explicaciones e implicación en el tema nos encantó.
Para más información sobre la visita a los Toros (horarios, días de apertura) podéis visitar su web.
TOROS DE GUISANDO
No nos podemos marchar de la zona sin visitar estas esculturas zoomorfas, ejecutadas en granito.

Forman parte de las esculturas realizadas por Los Vetones, una civilización celtíbera que habitaba la zona en época pre-romana. A lo largo del territorio que habitaron, han sido halladas esculturas semejantes en múltiples localizaciones de la provincia y de otras circundantes (Zamora, Toledo, Salamanca, Segovia, Cáceres y en Portugal) y algunos se han reubicado en edificios históricos o zonas de paso.No se conoce exactamente su finalidad, pero podría ser espiritual, o pudieron ser empleadas para delimitar zonas de pastoreo.
Estas en cuestión datan del S IV o S III a.C. (durante la Edad de Hierro) y representan toros o verracos. Tienen elementos en zigzag que posiblemente fueran ejecutados a modo de engalanamiento decorativo y espacio para la colocación de cuernos. En algunos se encuentran inscripciones en latín, ya que fueron empleadas posteriormente por los romanos como monumentos funerarios. Y el tercero de ellos está reconstruido, ya que fue alcanzado por un rayo. No nos olvidemos de que ¡Tienen más de 2000 años!
Pero no solo es famoso este emplazamiento por los toros, ya que en la Edad Media se localizaba en este terreno una de las muchas ventas que se encontraban a lo largo de las Cañadas Reales. Estas ventas, eran edificios que se encontraban en los caminos y ofrecían hospedaje y comida a los viajeros. Y fue esta la elegida por Enrique IV de Castilla para nombrar heredera a su hermana Isabel, con la condición de ser él quien eligiese a su marido. Se firmaron así los “Tratados de Guisando” que Isabel rompió al casarse con Fernando sin permiso del monarca. Pero a pesar de ello, tras la muerte de su hermano, Isabel se proclama reina iniciando una guerra civil por la sucesión al trono contra los partidarios de Juana (la hija de Enrique IV) a la que llamaban la Beltraneja; intentando así menoscabar su influencia, ya que la acusaban de no ser digna del trono por ser supuestamente hija del amante de la reina (Beltrán de la Cueva) y no del rey. A pesar del apoyo de Portugal, Juana pierde la guerra, y es obligada a tomar los votos y exiliarse, quedando Isabel como reina de Castilla.

Y aquí termina nuestra ruta por El Tiemblo, donde vetones, romanos, reyes y religiosos han hecho un alto en el camino para disfrutar de la zona y formar parte de la historia.
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